Con las faldas…

CON LAS FALDAS «ARREMANGÁS»

El Berreo de la Oveja

Hubo un día en el que un grupo de mujeres se “arremangaron” las faldas para dar un gran salto hacia una toma de consciencia sobre la situación de la mujer a nivel global. Aquellas Ilustradas no llegaron al otro lado del precipicio. Tampoco cayeron en caída libre. Aquellas mujeres se fueron agarrando con uñas y dientes a las raíces que sobresalían de los muros escarpados.

No había vuelta atrás.

Yo nací en 1983, año en el se constituyó por primera vez el Instituto de la Mujer en España. Era el reflejo de la Tercera Ola del Feminismo en el extranjero. La sociedad española había enterrado a Franco no hacía mucho. Sobre ellas recaía el reto de recuperar 40 años de oscuridad, donde las tres C (casa, calceta y cocina) se habían vuelto a instaurar en la sociedad tras las luces conseguidas en la Segunda República, alentadas por las sufragistas.

Qué bonito sería poder decir que todo esto lo estudié en Historia Universal en 3º BUP! Pero no. Ni siquiera me acuerdo qué estudié en aquella época de sobresalientes.

Hace unas semanas, me llevé a la cama un libro que había ido de estantería en estantería, “Feminismo para principiantes” de Nuria Varela (que por cierto acaban de publicar su última edición). No me recordaba devorando un libro de esta forma en los últimos 4 años, 4 años que tiene Pepa. Imagino que las “mapadres” saben de qué hablo. Me invadió la sensación de ser una inculta total. Me añugué con todas las horas dedicadas a estudiar cosas que, por suerte, mi mente ha olvidado.

Más que un libro sobre la historia del feminismo, “Feminismo para principiantes” es un apasionado relato sobre una verdadera revolución social, que como dice su autora “supone ¡tres generaciones implicadas en el mismo proyecto!”. Tres generaciones de nombres propios, de personas valientes, de mujeres avanzadas y avanzando, paso a paso y sí, ¡qué sorpresa! de hombres ayudando a tirar del carro. Unos cuantos. ¡Y cuánta paz!

Ahora sé que mi madre ha sido parte de esa revolución al decidir estudiar y tener su independencia económica. Y esta generación a la que yo pertenezco, las de la Cuarta Ola, no podemos más que agradecerles, a ellas, el sacrificio de salir al mundo sin salir de casa. No era lo que tocaba. Ella podía haber elegido no salir. Y no lo hizo. Bueno, lo hizo todo. Y al hacerlo subió por mi un peldaño más.

A ese peldaño llego yo y decido parir en casa. Como antes. Decido que no quiero trabajar fuera de casa. Que quiero criar a mi hija con un mínimo de derechos. Llego yo, y muchas otras, a decir que no me interesa incorporarme al mercado laboral. Que no me creo que se me pase el tren. Que no me interesa el sistema capitalista. Que cuando esta etapa pase pienso reinventarme. Que quiero dar teta sin fin. Que no quiero dejar a mi hija en una guardería. Que quiero estar presente la mayor parte de su infancia. Que me siento a gusto cuidando. Que no quiero que nadie lo haga por mi. Y a pesar de que en España no existe ninguna conciencia sobre lo que es una verdadera conciliación familiar, ni apoyo a las “mapadres”, y menos como en mi caso, a las familias monomarentales, lo he conseguido. Entre otras razones, porque mujeres como mi madre subieron ese escalón por mi.

Me he dado cuenta que aunque sí se han conseguido muchas cosas, el patriarcado no está en crisis. Ha mutado. Ha ido cambiando al igual que el feminismo. Donde las mujeres agarramos una raíz de la pared, este sistema nos corta la siguiente.

Por ejemplo.

Hay algo macabro en lo que ha pasado en las últimas dos generaciones de mujeres con respecto a la maternidad. ¿Cuál ha sido el castigo a salir de casa, a tomar el poder sobre nuestros cuerpos, a ser más que madres? Pues el robo a “médico armado” de nuestros partos y de nuestra crianza. Han conseguido borrar de un soplido un poder enorme. Nuestras abuelas parieron a nuestras madres en casa, y muchas de nuestras madres nos parieron dormidas y rajadas, y ahora casi ni parimos porque pensamos que no nos corresponde. El mismo precio que pagamos por los anticonceptivos. Enfermaron nuestros cuerpos. Veneno en forma de caramelos.Y nos lo creímos.

El precio ha sido muy alto, y como siempre a costa de nuestros cuerpos.

La teoría de que la biología nos condiciona está manipulada por el sistema heteropatriarcal. Lo que el sexo nos define son valores, no condenas. Son valores que hacen de hembras y machos seres diferentes. El problema está en el equivocado valor añadido a estas diferencias.

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